La voz de la gratitud: San Roque,
el Patrón elegido por el cielo para Castalla.
Si el 15 de agosto el cielo de Castalla se vestía de gloria para la Asunción, el día 16 la fiesta se vuelve intimidad, memoria y una profunda gratitud. El 16 de agosto es el día de San Roque, nuestro Patrón. En este día las campanas ya no solo anuncian la majestad del cielo, sino que sostienen el canto de un pueblo agradecido que, en los momentos más oscuros de su historia, supo encontrar esperanza y protección.
Cuando la fe se puso en manos del destino: El sistema de "redolins".
Este sistema consistía en escribir por separado el nombre de los santos a los que se pretendía elegir en un pergamino enrollado y recubierto de cera. Posteriormente se introducían en un recipiente con agua y un niño, tras dar tres vueltas y encomendarse a la Santísima Trinidad, sacaba uno y se lo entregaba a las autoridades civiles y religiosas, quienes, aceptándolo como voluntad divina, lo proclamaban Patrón. No hay constancia de los otros dos nombres que no se abrieron.
Así fue como la mano inocente de aquel niño sacó del recipiente el nombre de San Roque, convirtiendo al Santo peregrino en el guardián eterno de Castalla. Un gesto de humildad y fe que quedó grabado para siempre en la memoria de nuestro pueblo.
Las campanas el 16 de agosto: Un repique de protección y vida.
En la festividad de San Roque, el lenguaje de nuestro campanario cambia de matiz. Tras la grandiosidad del día anterior, los toques de esta jornada tienen un carácter de gozo protector y consuelo. Como campaneros, sentir el ritmo de las cuerdas y el giro del bronce el 16 de agosto, es recordar que cada golpe de badajo redime la memoria de aquellos antepasados que superaron las epidemias y confiaron en la protección de su Patrón:
El volteo del alba: A las 8 de la mañana, las campanas despiertan al pueblo recordando que la fiesta continúa, pidiendo la salud y la bendición para todos los hogares de Castalla.
El volteo festivo en la Misa Mayor: A las 9.15 h. Durante la celebración en honor al Patrón, el bronce canta con alegría. La mezcla de tonos anuncia que el pueblo está de fiesta alrededor de aquel que fue elegido por la Providencia.
El acompañamiento solemne a la procesión: Cuando la imagen de San Roque, junto a la de la Virgen de la Asunción, sale a las calles, las campanas acompañan su paso con un volteo cadencioso y alternado, una banda sonora de bronce que parece abrazar la figura del protector contra todos los males.
Un hilo que no se rompe.
Generación tras generación, desde mediados del siglo XVII hasta nuestros días, los habitantes de Castalla hemos seguido alzando la mirada hacia nuestro Patrón cada 16 de agosto. Y arriba, en el campanario, nosotros continuamos con la misma labor: ser los mensajeros que hacen resonar por toda la "foia" el agradecimiento de un pueblo.
Mientras el niño de los "redolins" siga vivo en nuestra memoria y el bronce continúe girando en nuestra torre, Castalla sabrá que tiene en San Roque a un patrón y en sus campanas la voz que nunca se apaga.
La fiesta popular.
Junto al volteo de los bronces y la solemnidad de los actos religiosos, la devoción popular cobra también vida en el palpitar festivo de nuestro casco urbano. Desde tiempo inmemorial, es costumbre arraigada en el corazón de Castalla la tradicional suelta de vaquillas por las calles centrales de la población en honor a San Roque; un festejo popular donde la valentía, el júbilo y el espíritu de comunidad se entrelazan al paso de las reses. En este año 2026, del 12 al 16 de agosto, el entramado histórico de nuestro pueblo volverá a vestirse de fiesta para acoger esta cita centenaria, renovando una vez más el fervor y la alegría con los que Castalla honra a su protector.
¡Viva San Roque!
¡Y que no deje nunca de anunciarlo el bronce de nuestra tierra!








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