El bronce que se eleva al cielo
junto a la Asunción de Nuestra Señora en Castalla
Hay sonidos que no solo se escuchan con los oídos, sino que resuenan en la memoria de todo un pueblo. Cada 15 de agosto, el aire de Castalla se llena de una vibración especial: los cinco bronces de nuestra torre despiertan con elegancia, fuerza y solemnidad para anunciar la festividad de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos. Para nosotros, los campaneros, no es un día cualquiera en el calendario; es el momento en el que las campanas dejan de ser simples instrumentos de metal para convertirse en la misma alma de la fiesta, impulsando con sus volteos la mirada de todo el pueblo hacia el cielo.
Un viaje en el tiempo: De Jaime I al nuevo templo parroquial
Hablar de la Asunción en Castalla es desdibujar el velo de nuestra propia historia. La devoción a la Virgen bajo esta advocación no es un capricho reciente, sino una raíz profunda que se hunde en el pasado medieval de nuestra comarca.
Tras la Reconquista impulsada por el Rey Jaime I, esta zona adoptó con fervor la dedicación a Santa María, bajo la advocación de la Virgen de la Asunción, consagrando el primer espacio de culto bajo su protección materna (la actual ermita de la Sangre). Aquellos primeros tiempos marcaron la identidad espiritual de Castalla, ligando el destino del municipio al patrocinio mariano.
Sin embargo, la historia de los pueblos nunca es lineal. Al llegar el siglo XV, la dedicación parroquial sufrió un giro al sustituirse el patronazgo de la Asunción por el de la Natividad de la Virgen. No fue hasta el siglo XVI, con la construcción y consolidación del nuevo templo parroquial, cuando la comunidad decidió dedicar el templo restableciendo y recuperando oficialmente la festividad y devoción a la Asunción de Nuestra Señora en el corazón litúrgico de la población.
Desde entonces, esta celebración ha logrado mantenerse viva en los muros de la parroquia y, sobre todo, en lo más alto de su campanario, contando incluso con dos campanas dedicadas a esta advocación mariana.
El lenguaje del bronce: El volteo en el día de la Asunción
Si la Asunción representa el misterio del tránsito y elevación de la Virgen en cuerpo y alma hacia los cielos, ¿qué mejor metáfora para expresarlo que el volteo de una campana? La física del propio instrumento parece imitar el dogma: el bronce gira, se eleva, supera la gravedad y parece lanzarse al firmamento en un movimiento perpetuo. En su descendimiento simula la Dormición de la Virgen y en su elevación, su Asunción.
En el lenguaje campanero de Castalla, los toques de este día no son un mero acompañamiento; son el hilo conductor de la jornada:
Los volteos de víspera, a mediodía y al atardecer: Al caer el día, ya nos ponen en antecedentes de lo que estamos comenzando a celebrar.
El volteo del alba: Los primeros toques matutinos rompen el silencio del verano. Son volteos rítmicos y cortos que alertan al pueblo, avisando de que ha llegado uno de los días más grandes.
El volteo general de la Misa Mayor: Es el momento solemne. Cuando las campanas giran a una, combinando los tonos graves de las más grandes con el repique vivo de las menores, la acústica del campanario abraza a todo el casco urbano. Es un diálogo entre la torre y las calles.
Acompañamiento a la procesión: Cada giro de campana acompaña el paso de la imagen junto a la del Patrón San Roque, marcando el ritmo de la fe popular con una cadencia solemne y festiva a la vez. (Este año será celebrada el siguiente día 16)
La pasión de mantener viva la tradición
Ser campanero en Castalla el 15 de agosto implica sentir en los brazos el peso de los siglos y en el pecho la fuerza de la tradición. Tocar las campanas no es solo ejecutar una técnica de volteo; es mantener viva una forma de comunicación ancestral que sobrevivió a los cambios de los siglos, a los cambios de advocación y a las transformaciones sociales y culturales.
Mientras el bronce continúe girando sobre el cielo de Castalla cada festividad de la Asunción, sabremos que la historia de nuestro pueblo sigue sonando alta, clara y con la misma fuerza con la que resonó por primera vez hace más de siete siglos.
¡Que el volteo de nuestras campanas continúe elevando la fiesta y la tradición de Castalla hacia lo más alto!




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