martes, 27 de octubre de 2026

La Fiesta de Todos los Santos y sus toques

 


 


        Cada 1 de noviembre, en la Iglesia Católica celebramos la Solemnidad de Todos los Santos, una festividad profundamente arraigada en la tradición cristiana que busca honrar a todos aquellos hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, alcanzaron la santidad y gozan de la presencia de Dios. Más allá de un simple recuerdo, esta conmemoración representa una expresión de esperanza, comunión espiritual y reconocimiento de la santidad como vocación universal. Su celebración, extendida en diversas culturas, es también una ocasión para reflexionar sobre la vida eterna y el testimonio de fe de quienes nos precedieron.




 

Orígenes de la Fiesta 

         Los orígenes de esta festividad se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Durante las persecuciones romanas, miles de creyentes fueron martirizados por confesar su fe en Cristo. Dado que resultaba imposible celebrar una fiesta individual para cada mártir, la comunidad cristiana comenzó a rendir homenaje conjunto a todos ellos en una sola fecha.

El primer testimonio de una celebración de este tipo se encuentra en el siglo IV, cuando la Iglesia de Antioquía dedicaba un día especial a “todos los mártires”. Más tarde, en Roma, el papa Bonifacio IV (año 609 o 610) consagró el Panteón romano, antiguo templo dedicado a los dioses paganos, a la Virgen María y a todos los mártires cristianos, instaurando así una conmemoración litúrgica en su honor. Esta decisión marcó un punto decisivo en la cristianización del mundo romano y en la consolidación del culto a los santos.

En el siglo VIII, el papa Gregorio III extendió la celebración, dedicando una capilla en la Basílica de San Pedro a “todos los santos”, y fijó la fecha del 1 de noviembre. Más tarde, en el siglo IX, el papa Gregorio IV ordenó que esta solemnidad fuera celebrada en toda la Iglesia universal, consolidando su carácter global y litúrgico.

 

 

Desarrollo histórico 

          A lo largo de la Edad Media, la fiesta de Todos los Santos adquirió una importancia central en el calendario litúrgico. La Iglesia no solo recordaba a los mártires, sino también a todos los hombres y mujeres que, sin haber sido canonizados oficialmente, vivieron de acuerdo con el Evangelio y alcanzaron la gloria eterna. Este cambio amplió el sentido de la celebración, transformándola en una jornada de acción de gracias por la multitud de santos conocidos y desconocidos.


Durante la expansión del cristianismo en Europa y América, la solemnidad de Todos los Santos se adaptó a las diversas culturas, fusionándose en algunos casos con antiguas festividades paganas relacionadas con la muerte, la cosecha y el cambio de estación. Por ejemplo, en los países anglosajones, coincidió con la festividad celta de Samhain, origen de la actual celebración de Halloween (All Hallows’ Eve, o víspera de Todos los Santos).

 

Significado teológico y espiritual

          Desde una perspectiva teológica, la Fiesta de Todos los Santos expresa el dogma de la Comunión de los Santos, que une a los fieles de la Iglesia triunfante (los santos en el cielo), la Iglesia purgante (las almas del purgatorio) y la Iglesia militante (los creyentes en la tierra). Esta comunión constituye el misterio de una Iglesia viva, en la que todos los miembros comparten la gracia de Cristo y participan de un mismo destino de santidad.

La solemnidad subraya además que la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino una vocación universal. El Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium, reafirma esta idea: “Todos los fieles de cualquier estado o condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”. Por tanto, celebrar a todos los santos es también celebrar la posibilidad real de alcanzar la santidad en la vida cotidiana.

En la liturgia de este día, las lecturas bíblicas invitan a la alegría y la esperanza: la visión del Apocalipsis (7,2-14) presenta una multitud vestida de blanco que alaba a Dios, y el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mateo 5,1-12) muestra el camino hacia esa dicha eterna: la humildad, la misericordia, la pureza de corazón y la justicia.

 

 

Representación y celebración actual en el mundo católico

          Hoy en día, la Fiesta de Todos los Santos sigue siendo una de las solemnidades más importantes del calendario católico. En muchos países de tradición cristiana, el 1 de noviembre es día festivo, y las familias visitan los cementerios para honrar a sus difuntos, adornando las tumbas con flores y rezando por ellos. Aunque este gesto es más propio del día siguiente 2 de Noviembre, Día de los Fieles Difuntos, ambas celebraciones conservan una estrecha conexión espiritual.

En países Europeos como España, Francia e Italia, así como en Filipinas y gran parte de América Latina, la conmemoración mantiene un tono de respeto, oración y recuerdo familiar, mientras que en otros contextos, como el estadounidense, se ve influenciada por elementos culturales populares como Halloween.

La fiesta de Todos los Santos sigue recordando al creyente moderno que la santidad es posible en todas las épocas y circunstancias. En un mundo marcado por el materialismo y la indiferencia religiosa, esta solemnidad ofrece un mensaje de esperanza: el testimonio de hombres y mujeres que vivieron con fe, amor y entrega total a Dios continúa siendo un modelo de vida cristiana.

 

 

Conclusión

          La Fiesta de Todos los Santos es mucho más que una jornada de recuerdo: es una celebración de la victoria de la gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte y del amor sobre la indiferencia. Nacida de las primeras comunidades cristianas y enriquecida a lo largo de los siglos, esta solemnidad  nos invita a los creyentes a mirar hacia el cielo sin olvidar nuestro compromiso en la tierra.

En un tiempo en que el concepto de santidad puede parecer lejano o inalcanzable, la Iglesia nos recuerda en esta fecha que todos estamos llamados a la santidad y que, a través de la fe y las obras, cada persona podemos formar parte de esta inmensa comunión de santos que, desde la eternidad, intercede por la humanidad ante Dios.

En resumen, un día para unirnos en oración con innumerables antepasados nuestros, familiares, amigos, conocidos y desconocidos, que ya han alcanzado la santidad y gozan de la presencia de Dios, siendo éste el significado de  la imagen que encabeza este articulo; una simulación de gentes de Castalla, que habiendo alcanzado la santidad, están unidas a Cristo intercediendo por todos nosotros, la población de la foia y la humanidad en general.

 

 


Los toques de campanas para esta fiesta son los propios de cualquier solemnidad de precepto y serán los siguientes:




Dia 31 de octubre " VISPERA"



13.01 h Angelus parroquia,convento y ermita

13.02h volteo menor " " " 



19.00 h. primer toque a Misa en el convento.

19.15 h. segundo toque a Misa   "

1916 h. volteo general               "

19. 30 h. tercer toque a Misa    "


20'01 h.. Parroquia, ermita y convento: Toque de Ave María
20'02 h. Parroquia: Volteo menor. (4 campanas)
Convento: Volteo general.
Ermita: Volteo

 













Dia 1 de noviembre "TODOS LOS SANTOS"






07'31 h. Parroquia: Toque de alba.


07'32 h. Parroquia: 1º Toque a misa con anuncio posterior.
07'45 h. " 2º Toque a misa con anuncio posterior.
08'00 h. " 3º Toque a misa con anuncio posterior.


08'00 h. Ermita y convento: Toque de alba.


08'01h. Parroquia: Volteo menor (4 campanas).


10'01 h. Parroquia: 1º Toque a misa con anuncio posterior.
10'15 h. " 2º Toque a misa con anuncio posterior.
10'16 h. Volteo campanas mediana y segunda.
10'31 h. " 3º Toque a misa con anuncio posterior.




11'31 h. Parroquia: 1º Toque a misa.
11'45 h. " 2º Toque a misa.
11'46 h. Volteo campanas mediana y segunda.
12'01 h. " 3º Toque a misa.




13'01 h. Parroquia, ermita y convento: Toque de ángelus.
13'02 h. Parroquia: Volteo menor (4 campanas).
Convento y ermita: Volteo general.








16'00 h. Parroquia: 1º Toque a Rosario.
16'15 h. " 2º Toque a Rosario.
16'16 h. " Volteo campana pequeña.
16.30 h. " 3º Toque a Rosario.



20'00 h. Parroquia, ermita y convento: Toque de Ave María




(Señales a difuntos de vispera del día 2 en próxima entrada)


 

 

sábado, 10 de octubre de 2026

FIESTA DE LA VIRGEN DEL PILAR Y TOQUES

 









 

La fiesta del Pilar


          La festividad de la Virgen del Pilar es una de las celebraciones más emblemáticas del calendario religioso y popular, especialmente en Zaragoza, ciudad de la que es patrona, así como de la Hispanidad y de la Guardia Civil. Cada 12 de octubre, miles de personas se reúnen para rendir homenaje a la Virgen bajo esta advocación mariana tan arraigada en la historia.

Fue festivo por primera vez en el año 1613, cuando el Consejo de Zaragoza lo aprobó oficialmente. No obstante, hasta el 27 de mayo de 1678 no se declaró oficialmente patrona de Zaragoza a la Virgen del Pilar. Desde entonces, siglos de fe, tradición y devoción han consolidado esta celebración, que actualmente es también reconocida como la Fiesta Nacional de la Hispanidad y una de las festividades más conocidas en todo el mundo.


 



Origen de la devoción

        La historia de la Fiesta del Pilar nos remonta al año 40 d.C., cuando el apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba la palabra de Dios por tierras de la Celtiberia. Durante su camino por Aragón, en la noche del 2 de enero del año 40, mientras se encontraba a orillas del río Ebro, se le apareció la Virgen María. Según la tradición, María aún vivía en Jerusalén, antes de su Asunción, y quiso consolar y animar al apóstol en su misión evangelizadora.

La Virgen le pidió que construyera una iglesia sobre el pilar de mármol donde ella se había aparecido. Cuando María desapareció, el pilar permaneció como símbolo de su presencia y protección. En aquel mismo lugar, Santiago cumplió su petición, y con el paso de los siglos, este espacio se convertiría en la majestuosa Basílica del Pilar, uno de los santuarios más importantes de la cristiandad y corazón espiritual de Aragón.


 



 

La Virgen del Pilar en Castalla

          El año 2015 fue especialmente significativo para la comunidad de Castalla, ya que se bendijo una nueva imagen de la Virgen del Pilar, tallada en madera y traída desde Zaragoza por el párroco Don Salvador Valls. Esta imagen se colocó en la segunda capilla entrando a mano izquierda, dedicada a la Misericordia, sobre una elegante peana y dentro de una hornacina de madera con fondo de tela adamascada dorada.

Al año siguiente, en 2016, se le confeccionó y colocó el primer manto y la corona, que fueron bendecidos durante la misa de la festividad. El manto fue un regalo anónimo, mientras que la corona se consiguió gracias a donativos y una rifa popular. A fecha de 2025, la imagen ya cuenta con cuatro mantos, todos ellos donados por devotos que sienten una especial devoción por esta advocación mariana.



 

Los toques de campanas

           Como es tradición, las campanas son las encargadas de anunciar todos los acontecimientos, entre ellos las festividades como esta del Pilar, aunque con un protocolo especial. Normalmente, solo voltean las campanas pequeña y la dejuni, es decir, sin la participación de la campana mediana ni de las mayores, ya que no es fiesta de precepto ni tiene categoría de gran solemnidad. Las de la ermita de la patrona también voltearan, puesto que se trata de una festividad dedicada a la Virgen. 

 

 


 

domingo, 13 de septiembre de 2026

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 


 

 

 

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 E HISTORIA DEL SANTÍSIMO CRISTO DEL CONSUELO

 

 
          El día 14 de septiembre, la Iglesia universal celebra la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, una fecha muy especial para los cristianos. Esta celebración nos recuerda el momento en que la cruz, que en tiempos antiguos era símbolo de castigo y vergüenza, se convirtió en signo de victoria y esperanza para toda la humanidad. Según la tradición, fue la emperatriz Santa Elena quien, en el siglo IV, encontró en Jerusalén la verdadera Cruz donde fue crucificado el Señor. La Iglesia venera la Cruz como el gran símbolo de la redención. En este día, la liturgia nos invita a mirarla no solo como instrumento de sufrimiento, sino como fuente de vida y consuelo, porque es a través de ella que Dios nos ha dado la salvación. Por estos motivos considero oportuno recordar la historia de la imagen del Cristo crucificado, "Santísimo Cristo del Consuelo", que se venera en nuestra parroquia de Castalla. También quiero hacer memoria de uno de los pocos reliquiarios que en la actualidad nuestra parroquia tiene, de los muchos que poseía antes de la devastadora destrucción del 36: se trata de un lignum crucis que guarda en su interior pequeñas astillas de la Cruz que llevó sobre sus hombros Nuestro Señor Jesucristo.

 



          Desconocemos el origen de la primitiva talla de esta imagen de Jesucristo clavado en la cruz, de lo que sí hay constancia es de que estaba situada en una capilla lateral de la actual ermita de la Preciosísima Sangre, por lo que es deducible pensar que no tendría las dimensiones de la actual, dada la reducida medida de estas capillas. Esta imagen primitiva era propiedad de la cofradía de la Preciosísima Sangre, que la vendió; fue comprada a dicha cofradía por la familia Esteve. Los nombres de los miembros de esta familia que realizaron la compra fueron: José y Onofre Esteve Cerdá; Lorenzo Esteve Pérez, Gabriel Esteve Rico y Gabriel Esteve Rodríguez de Arnedo por el precio de 100 libras, según escritura otorgada el 9 de abril de 1589 ante el notario Gaspar Rico. Curiosamente, a partir de ese momento la imagen empezó a ser llamada por todos los habitantes de Castalla “Santísimo Cristo de los Esteves”, denominación que se mantuvo hasta el año 1854, cuando el prelado de la diócesis de Valencia, D. Mariano Barri y Fernández, le concedió la advocación de “Santísimo Cristo del Consuelo”.

 

 

          La capilla en la que se colocó la imagen no es la actual, sino la cuarta entrando a mano derecha (hoy dedicada a San José). En esta capilla también fue pagado por la familia Esteve el altar y el retablo, en cuya parte superior estaba grabado el escudo de armas de la familia, que consistía en dos estevas de arado cruzadas. En el mismo año en que se le concedió la advocación del Consuelo, 1854, D. Tomás Rico y Juan, perteneciente a la familia Esteve, restauró la capilla, altar e imagen del Cristo cumpliendo una promesa que había ofrecido por el restablecimiento de su esposa Doña Teresa Semper Jordá, víctima de una grave enfermedad. También costeó una corona de plata para la imagen del Cristo valorada en 150 pesetas. Las obras de restauración las realizó D. José Reig, de Onil, por la suma de 750 pesetas. Terminadas las obras, D. Tomás Rico solicitó al prelado de la diócesis que concediera que el Cristo llamado de los “Esteves” pasara a llamarse de la “Salud”, por haber concedido esta gracia a su esposa. El prelado D. Mariano Barri contestó a su petición otorgando a la imagen la advocación de “Santísimo Cristo del Consuelo”, por considerar que esta dedicación era más apropiada y abarcaba más que el de la Salud. Tanto el altar como la imagen permanecieron en esta ubicación hasta el año 1936, en que fueron destruidos.

 

 

          Ese mismo año, en que fue destruida la imagen, encarcelaron al escultor nacido en Onil, Pascual Sempere Sanchís, quien —según me relató él mismo en 1978— vio peligrar su propia vida, prometiendo que si salía vivo de aquel trance regalaría a la parroquia a la que perteneciera una imagen de Cristo crucificado. Este gran maestro de la escultura nació en Onil el 6 de febrero de 1901, y se casó con Virginia Guill Mira en 1940 en Castalla, motivo por el cual, al culminar su obra y cumplir su promesa, regaló la imagen del Santo Cristo a la parroquia de Castalla por ser el lugar de su domicilio familiar y empadronamiento. Falleció el 17 de abril de 1980.

 

 



         Terminada la guerra civil, este escultor tuvo una actividad intensísima, ya que las iglesias habían quedado vacías de imágenes y, al menos las de mayor fervor popular, era necesario reponerlas en el menor tiempo posible, alrededor de muchas de las cuales giraban las fiestas patronales. Entre sus muchas obras repartidas por la Comunidad Valenciana e incluso fuera, aquí en Castalla cabe resaltar la de la titular de la parroquia, la Asunción de Nuestra Señora, la Purísima, la Virgen del Rosario, San Francisco de Paula, Santa Rita, el Cristo crucificado de la ermita y, por supuesto, la del Cristo a la que nos referimos. Esta talla la concluyó a principios de los años 50, tomando como modelos para la misma a Baptista y Antonio Domenech “Caolla”, queriendo plasmar en ella todo el dolor y sufrimiento que había acumulado durante su cautiverio. Después de su finalización, todos convinieron —párroco, escultor y autoridades— en que la imagen debía recibir la misma advocación que la que le precedía. Para bendecir la imagen vino desde Valencia el obispo auxiliar D. Jacinto Argaya, realizándose el acto en la propia casa del escultor, situada en la calle Ancha, frente a la calle Ramón y Cajal.

 

 



          Una vez bendecida, fue trasladada en solemne procesión hasta la parroquia. Como al principio no estaba previsto que la imagen saliera en procesión, no se le realizaron andas, por lo que fue llevada al hombro en posición horizontal por los entonces seminaristas de Castalla, presidiendo la procesión el mencionado obispo auxiliar. Como la capilla en la que se encontraba su antecesor ya albergaba otra imagen dedicada a San José, se pensó en colocarla en la segunda capilla entrando por la derecha, pero como en el frontal también había un confesionario, se optó por situarla en el lateral izquierdo, para que al acceder al templo siempre quedara visible. Se colocó sobre una tela roja de damasco y un marco de madera en forma de cruz, permaneciendo así hasta la restauración de 1986, en que se creyó más conveniente colocarla en el centro de la capilla, sin la mencionada tela ni marco, para que nada pudiera eclipsar la belleza de la talla. Desde que se colocó hasta nuestros días, puede decirse que esta imagen goza de una profunda devoción entre los habitantes de Castalla, siendo ya varias las generaciones que han acudido a su presencia en sus oraciones, exponiéndole sus peticiones y, sobre todo, buscando consuelo en sus aflicciones. (Quiero destacar que este gran escultor y mejor persona era también un apasionado de las campanas, llegando incluso a desplazarse a Valencia para ver nuestra anterior campana mayor en su refundición, contándome lo gratificante que fue para él verla allí e intercambiar impresiones con el propietario de la fundición, Salvador Manclús).

 


 

         En 1980, año en que falleció el escultor, tres jóvenes de la parroquia, Francisco Seva, Francisco José Vicent y yo mismo, conversando en una reunión informal, convenimos en que una imagen de tal belleza era una auténtica pena que nunca saliera en procesión, por lo que pensamos que podría resultar interesante incluirla en la procesión del Santo Entierro, ya que sería mucho más complicado organizar otro acto o procesión nueva (como la procesión del silencio). Seguidamente dimos el primer paso para conseguir nuestra finalidad: la autorización por parte del párroco D. Toribio Sellés. Al ser los tres conscientes de la gran amistad que mantenía conmigo, convenimos que yo fuera la persona apropiada para exponerle y solicitarle la propuesta. Después de explicársela, D. Toribio me respondió lo siguiente:


1º Que le parecía bien la idea de sacar una imagen tan devocional y hermosa en procesión.
2º Que no consideraba apropiado que fuera en la procesión del Santo Entierro, porque en ella ya sale el Cristo yacente en el sepulcro.
3º Que veía complicado que pudiéramos llevarlo a cabo, porque la imagen no tiene andas procesionales.


Tras una larga conversación le resumí que, aunque tenía razón, considerábamos más conveniente que saliera ya en una procesión bien formada que crear otra nueva, y que lo de las andas no era problema porque estaban sin uso las andas que se utilizaron en 1939 para la entrada de la patrona a Castalla y que ya habían sido adaptadas para esta imagen en una misión parroquial. Accedió seguidamente el párroco a darme la autorización.

 





 

          Rápidamente fueron muchos los jóvenes a los que les entusiasmó la idea, especialmente al grupo “Amunt” de la parroquia, con quienes, con mucha ilusión, comenzamos todos los trabajos para que el Viernes Santo de 1981 saliera por primera vez en procesión. Quiero destacar la gran aceptación que tuvo esta idea en toda la población de Castalla, hasta el punto de que rápidamente se comenzó a gestar la idea de formalizar su cofradía con estatutos propios, lo que culminó el 3 de julio de 1983, fecha en la que se fundó la mencionada Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo.

 

 

           




          Entre la multitud de proyectos que la nueva cofradía pretendía llevar a cabo hay uno que cada vez toma más fuerza: recuperar los capuchinos “capuchets” que a principios del siglo XX acompañaban esta procesión portando estandartes con motivos de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y que nuestros mayores aún recordaban con nostalgia. En los años siguientes se fue complementando la estructura de la cofradía: en 1987 se confeccionaron nuevos trajes de “verdugo” para los portadores; en 1988 se hicieron preciosos trajes de niños penitentes que portaban los símbolos de la crucifixión, realizándose también un nuevo estandarte; en 1989 se completaron varios trajes más de capuchinos para formar pasillo alrededor de la imagen con ciriales.

 

 




 

 

          Durante dos décadas esta cofradía se mantuvo operativa, aunque pronto comenzó su declive debido a que la mayoría de los jóvenes portadores, al hacerse mayores, se inscribían en la cofradía por excelencia en Castalla, la de la Preciosísima Sangre, para poder portar en la misma procesión al Cristo yacente “el Vellet de la Sang” y, sobre todo, a la patrona, la Virgen de la Soledad, lo que ocasionó en la segunda mitad de los noventa escasez de portadores. Como la cofradía de la Preciosísima Sangre cuenta con cuadrillas sobrantes, el clavario D. Ildefonso Verdú pensó que, igual que en esta procesión se sacan las otras tres imágenes, también podría hacerse cargo de esta. Para ello citó al párroco D. Antonio Pérez a una reunión en la casa de los “mayordomos”, en la que le propuso hacerse cargo de todo, pero que debía cederle la propiedad de la imagen, así como de las andas y todos los enseres.

 

 

          La primera parte le pareció bien al párroco, pero en la segunda respondió que sería faltar a la voluntad del escultor y donante de la imagen, además de que la parroquia no puede regalar imágenes de culto público a cofradías particulares, por lo que no se llegó a ningún acuerdo. Al año siguiente, con el nuevo párroco Manolo de Maya, se reanudaron las conversaciones, esta vez sin solicitar la cesión de la imagen, llegando en esta ocasión a un acuerdo. Se redactó un documento en el que se establece que la imagen y sus preparativos corresponden a la parroquia y a los miembros de la antigua cofradía, y que la de la Preciosísima Sangre se encargaría de sus procesiones.

 

 








           Desde 1986 la imagen del Cristo del Consuelo preside el altar mayor de la parroquia durante todo el tiempo de Cuaresma; se coloca detrás del baldaquino y sobre un fondo de tela morada, color litúrgico propio de este tiempo, exceptuando 1986 y 2014, en que, por obras en la parroquia, presidió el altar mayor del convento. En mi modesta opinión, creo que incluso queda más elegante en el convento que en la parroquia, ya que al no estar el baldaquino, queda a una altura mucho mayor y como suspendido en el aire, además de que el conjunto de colores de la nueva decoración del retablo de esta iglesia, efectuada por el párroco D. Salvador Valls, le da aún mayor realce.

 

 




           A consecuencia de la carcoma en las andas reutilizadas de la patrona, el año 2013 pensamos que sería conveniente hacer unas nuevas, sencillas y de hierro forjado, para intentar evitar el peligro existente. También se pensó en colocar la imagen algo inclinada, ya que cuando va vertical el peso queda muy alto, lo que suponía un gran problema de estabilidad para los portadores. Para la realización de estas andas pude contar con la inestimable colaboración de Ismael Rico, ya que sin él no hubiera podido concluirlas a tiempo para la Semana Santa de ese año.

 

    

 

    Lignum Crucis
       

         El Lignum Crucis es el nombre con que la Iglesia designa las reliquias de la verdadera Cruz de Jesucristo. Como he mencionado al principio, según la tradición, fue la emperatriz Santa Elena, madre de Constantino el Grande, quien en el siglo IV descubrió en Jerusalén la Cruz en la que había sido crucificado el Señor. Desde entonces, fragmentos de esta reliquia se han custodiado y venerado en muchas iglesias del mundo, como por ejemplo aquí en Castalla.

 


 


 

       Como en otras ocasiones, este día 14 de septiembre será expuesto en la parroquia para veneración pública el lignum crucis que allí se custodia.