Dentro del calendario festivo local existen celebraciones que, aunque puedan considerarse de menor relevancia en comparación con las grandes solemnidades patronales, conservan un profundo arraigo en la memoria colectiva y en las costumbres de Castalla. Son fiestas más íntimas, transmitidas de generación en generación, que mantienen vivo el pulso de la tradición y que, año tras año, siguen marcando el ritmo de la vida del pueblo. Como no podía ser de otra manera, también en estas jornadas las campanas desempeñan un papel esencial, anunciando y acompañando cada acto litúrgico con su lenguaje sonoro característico.
No obstante, el volteo y la participación de las campanas se ajustan, lógicamente, a la importancia de cada celebración. Por ello, en estas fechas intervienen principalmente las dos campanas pequeñas, tanto las de la parroquia como las del convento, cuyo timbre más ligero y cercano parece adecuarse al carácter familiar de estas festividades. Ambas voltean en el segundo toque de las misas, llenando el aire con un sonar alegre pero contenido, que convoca a los fieles y recuerda que, aunque sencillas, estas fiestas forman parte del alma del calendario religioso local, tal como detallaré al final del artículo.
Las celebraciones a las que me refiero son, en primer lugar, el día 2 de febrero, conocido popularmente como el “Día de la Candelaria”, festividad vinculada a la luz, a la purificación y a antiguas tradiciones de bendición de candelas; y, seguidamente, el 3 de febrero, día de San Blas. Esta última cuenta con una devoción especialmente arraigada en Castalla, hasta el punto de gozar de mayor tradición y participación popular, pues desde el año 1697 San Blas fue nombrado patrón menor de la localidad. Desde entonces, su figura ha quedado estrechamente ligada a la historia y a la religiosidad del pueblo, convirtiendo su festividad en una cita esperada y entrañable dentro del ciclo anual de celebraciones con la tradicional bendición de rollos y alimentos.
La Presentación del Señor, Nuestra Señora de la Purificación o Nuestra Señora de la Candelaria.
«Cumpliendo lo que mandaba la ley mosaica, a los cuarenta días de su nacimiento, Jesús fue presentado en el templo, mientras su madre realizaba la ceremonia de su purificación».
Este pasaje evangélico es el origen de la fiesta de la Candelaria, una celebración que ya se conmemoraba en Jerusalén en el siglo IV, lo que demuestra su gran antigüedad dentro del calendario cristiano. Se trata de una festividad profundamente simbólica, centrada en la luz, la pureza y la presentación de Cristo como salvación de todos los pueblos.
Cada 2 de febrero la Iglesia recuerda esta presentación del Niño Jesús en el templo. En muchos lugares es costumbre llevar alguna imagen del Niño a la iglesia o parroquia para ser presentada y bendecida, evocando así la ofrenda que realizaron María y José. Igualmente, se rememoran las palabras del anciano Simeón, que reconoció en el Niño la «luz para alumbrar a las naciones».
De ahí nace la tradición de llevar candelas o cirios para su bendición. Estas luces simbolizan a Cristo como luz del mundo, capaz de disipar la oscuridad. Por eso la fiesta es conocida popularmente como la «Fiesta de las Candelas» o el «Día de la Candelaria». En Castalla, como en otros pueblos, es costumbre que la parroquia reparta pequeñas candelas bendecidas entre los asistentes a la Eucaristía, para que después se conserven en los hogares como signo de protección y fe.
Blas de Sebaste
Venerado como San Blas, fue médico y obispo de Sebaste, en la antigua Armenia Menor (actual Sivas, Turquía). Según la tradición, tras una vida dedicada a su ministerio episcopal, se retiró a vivir como ermitaño en una cueva del monte Argeus, donde oraba y atendía a los enfermos. Aquel lugar se convirtió simbólicamente en su sede episcopal.
San Blas era conocido por sus dones de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. El milagro más popular cuenta que salvó la vida de un niño que se ahogaba al quedársele atravesada una espina de pescado en la garganta. Este hecho dio origen a la tradición de bendecir las gargantas el día de su fiesta, pidiendo protección contra enfermedades y afecciones de la garganta.
Además de las fiestas litúrgicas generales, antiguamente existían numerosas fiestas locales. En la actualidad solo se conservan dos, pero en otros tiempos el calendario festivo era mucho más amplio. De hecho, a mediados del siglo XVIII el día de San Blas era considerado oficialmente fiesta local.
Como correspondía a un patrón, San Blas contaba también con su capilla y altar en el templo parroquial. La capilla situada frente a la de Santo Tomás, en el último tramo del lado izquierdo junto al baldaquino del altar mayor, estaba dedicada al santo. Lamentablemente, tras la destrucción de 1936, esta capilla perdió su imagen y su dedicación.
Día 2 de Febrero “La Candelaria”
Día 3 de febrero “San Blas”
17.30 h. 1º Toque a Misa Parroquia
17.45 h. 2º Toque a Misa. Volteo campanas pequeñas.
18.01 h. 3º Toque a Misa.
19.01 h. 1º Toque a Misa Convento.
19.15 h. 2º Toque a Misa. Volteo campanas pequeñas.
19.31 h. 3º Toque a Misa.
20.00 h. toque de Ave María parroquia, convento y ermita.































