Los tres días que anteceden al Miércoles de Ceniza, coincidiendo con las jornadas tradicionalmente conocidas como “carnaval”, se celebra en Castalla una de las manifestaciones religiosas más antiguas y sentidas de la localidad: el triduo de las Cuarenta Horas en honor a Jesús Sacramentado. Durante estos tres días, el Santísimo Sacramento permanece solemnemente expuesto en el altar mayor de la parroquia, invitando a los fieles a acercarse al templo para acompañar al Señor en la oración, el recogimiento y la adoración silenciosa. La iglesia se convierte así en un espacio de calma y espiritualidad, donde, a lo largo de las horas, vecinos de todas las edades se turnan para velar y orar ante la presencia Eucarística.

Según relatan las personas mayores del pueblo, esta celebración ha estado siempre profundamente arraigada en la vida religiosa y social de Castalla. Durante décadas, llegó a adquirir una relevancia comparable casi a la de las fiestas mayores de Moros y Cristianos, constituyendo uno de los acontecimientos más esperados del calendario local. No solo suponía un acto de devoción, sino también un momento de encuentro comunitario, en el que las familias acudían juntas al templo y participaban activamente en los diferentes actos litúrgicos. Para muchos castallenses, las Cuarenta Horas formaban y forman parte inseparable de su memoria y de su identidad colectiva.
El origen de la fiesta, según información aportada por el actual párroco D. Eugenio Amorós, es la siguiente:
La práctica de las Cuarenta Horas ha tenido
ciertamente su origen en la praxis litúrgica para conservar en una
especie de sepulcro, en el triduo de la Semana Santa, las especies
eucarísticas, convocando a los fieles a adorarlas cómo hubieron
hecho las almas piadosas que hubieron podido velar el sepulcro de
Cristo durante las 40 horas transcurridas del medio día del Viernes
Santo a la aurora de la resurrección. Con justicia se le daba a esta
praxis, ya en el siglo X111, el nombre de “Quadraginta hororum oratio”. La idea de repetirla fuera de la Semana Santa, con la
intención de una especial propiciación y expiación, tuvo su
primera manifestación, según parece, en Milàn durante el año 1527
por obra de la compañía del Santo Sepulcro, con ocasión de las
solemnidades de Pentecostes, de la Asunción y de Navidad, según las
sugerencias del sacerdote Antonio Bellotto (1528). Las prédicas del
padre Tommaso di Nieto en 1529 le dieron un especial impulso, de
forma que se la practico simultáneamente en otras iglesias además
de la mencionada escuela.
Pero sin embargo, solo en mayo de 1537 ocurrió la
adoración incesante, uniéndose a su debido turno las diversas
iglesias de Milán a la práctica de las Cuarenta Horas; la
sugerencia en lo referente a esto parece haber sido atribuida en Sant
Antonio Zacaria, fundador de los Barnabitas.
El capuchino, Giuseppe Plantanida Ferno di Gallarate, (1556) la propagó con sus prédicas fuera de Milàn y le
dio, incluso por escrito, el primer método. El Papa Pau 111, en un
breve del 8 de agosto de 1537 la enriqueció con las primeras
indulgencias, y el Papa Clemente V111 la aprobó y la prescribió
formalmente como ejercicio de expiación y de propiciación con la
constitución Graves te diuturnae” del 25 de noviembre del 1592.
De Milàn la piadosa práctica se propagó
rápidamente,especialmente por obra de los Capuchinos y los
Jesuitas. En Macerata, por primera vez, fue contrapuesta a las folias carnavalescas en la ya conocida forma de carnaval
santificado.
En nuestra zona, esta tradición se remonta a la intensa labor pastoral de
san Juan de Ribera, arzobispo de Valencia entre los años 1568 y
1611. Gran promotor de la reforma espiritual y del fortalecimiento de
la fe tras el Concilio de Trento, impulsó con fervor la adoración
al Santísimo Sacramento, fomentando el culto Eucarístico como
centro de la vida cristiana. Entre las prácticas que promovió con
mayor empeño se encontraba precisamente el triduo de las “Cuarenta
Horas”, estableciendo su celebración no solo en la ciudad de
Valencia, sino también en las comunidades rurales, pueblos y aldeas
bajo su jurisdicción, como fue el caso de Castalla. Su celo pastoral
lo llevó a insistir en que la Eucaristía debía ser el corazón de
la vida parroquial, fuente de gracia y punto de encuentro de toda la
comunidad.

Como he comentado, tradicionalmente esta celebración siempre tuvo
lugar en los tres días inmediatamente anteriores al Miércoles de
Ceniza. Sin embargo, entre los años 1994 y 2008 se decidió
trasladarla a viernes, sábado y domingo con el fin de facilitar la
participación de los fieles, ya que la mayoría de las empresas
finalizaban la jornada laboral el viernes a mediodía, lo que
permitía disponer de más tiempo para la oración. Aun así, en
épocas pasadas, cuando el triduo se celebraba lunes y martes, estos
días eran considerados festivos a nivel laboral, lo que da muestra
de la gran importancia que la fiesta tenía entonces en la vida
cotidiana del pueblo.

Cabe
destacar también el carácter solemne y cuidado de los actos
litúrgicos que se desarrollan durante estos días. Cada tarde, antes
de la Santa Misa o de la reserva del Santísimo, la coral parroquial
entona con especial devoción “Los Trisagios al Santísimo”,
junto con otras piezas musicales dedicadas a la Eucaristía. Estos
cantos, interpretados con recogimiento y solemnidad, contribuyen a
crear un ambiente de profunda espiritualidad y belleza, ayudando a
los presentes a elevar su oración. Los trisagios eucarísticos, de
antigua tradición cristiana, están estrechamente vinculados con la
adoración a Dios en la liturgia y evocan la alabanza celestial,
convirtiéndose en una expresión musical de fe y reverencia ante el
misterio Eucarístico.
Origen y Significado del Trisagio
El término "trisagio" proviene del griego tris-agios, que significa "tres veces santo". Se basa en la aclamación bíblica de los ángeles en la visión del profeta Isaías:
"Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, toda la tierra está llena de su gloria" (Isaías 6:3).
También aparece en el Apocalipsis:
"Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir" (Apocalipsis 4:8).
Desde
los primeros siglos del cristianismo, este canto se incorporó en la
liturgia oriental y occidental, y su uso se extendió en diversas formas.
El Trisagio en la Liturgia
El Trisagio se canta en diferentes momentos de la liturgia cristiana. Existen tres variantes:
- 1º Trisagio bizantino: "Ἅγιος ὁ Θεός, Ἅγιος Ἰσχυρός, Ἅγιος Ἀθάνατος, ἐλέησον ἡμᾶς" (Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros). Es común en las Iglesias ortodoxas y católicas orientales.
- 2º Trisagio Eucarístico latino: En la liturgia romana, el equivalente es el Sanctus o Trisagio Angélico, que se canta antes de la consagración en la Misa.
- 3º Trisagio Eucarístico popular: En algunas devociones católicas y adoraciones al Santísimo, se reza o canta un trisagio en honor a la Santísima Trinidad.
- Este
último es el cantado por la coral parroquial, dirigida por el gran
músico, organista y director Oscar Reche. Las piezas musicales son de
tres compositores diferentes, Lorenzo Perosi, Sancho Marraco y Emilio
Valdés.
Trisagio y la Eucaristía
En
el contexto Eucarístico, el Trisagio refuerza la dimensión celestial de
la liturgia y la unión de los fieles con los coros angélicos en la
adoración a Dios. Se vincula con la santidad de la Misa y la presencia
real de Cristo en la Eucaristía. Los trisagios Eucarísticos tienen
raíces profundas en la tradición bíblica y litúrgica cristiana. Su uso
en la liturgia refuerza la reverencia a la santidad de Dios y el
misterio de la Eucaristía, siendo un puente entre la adoración celestial
y la adoración en la Iglesia en la tierra.
En conjunto, el triduo de las Cuarenta Horas continúa siendo hoy una herencia viva de la historia religiosa de Castalla, una tradición que, generación tras generación, ha sabido conservar su esencia y que sigue invitando a los fieles a detener el ritmo cotidiano para dedicar un tiempo al silencio, la contemplación y el encuentro personal con Jesús Sacramentado.
Esta es, además, una de las pocas celebraciones del calendario local que se anuncia exclusivamente con las campanas de la iglesia parroquial, pues es en este templo donde tiene lugar la exposición del Santísimo Sacramento y donde se concentran los actos principales del triduo. No intervienen las campanas del convento ni de la ermita, únicamente el sonido grave y solemne de las campanas de la parroquia, que desde lo alto del campanario se expande por las calles del pueblo, convoca a los vecinos a la oración y al recogimiento. Su tañido, sobrio y profundo, se convierte así en una llamada espiritual que recuerda a todos la presencia viva de Jesús Sacramentado en medio de la comunidad parroquial de Castalla, siendo los toques de campanas propios para estos días los siguientes:
Sábado 14 de febrero “Víspera”
Durante el día, toques propios del sábado.
13.02 h y 20.02 h. Volteo menor (4 campanas)
Domingo 15 de febrero "Primer día"
Durante el día, toques propios de domingo,
exceptuando los de la misa de 12.00 h. que pasa a las 19.00h.
Al 2.º toque para el trisagio, volteo menor. (4
campanas)
A la exposición, sobre las 11.15 h., a mediodía a
las 13 h. y reserva del Santísimo, sobre las 20.00 h., volteo
general (5 campanas)
Lunes 16 y martes 17 de febrero "Segundo
y tercer día"
Al 2.º toque para el trisagio y Misa, a las 19.15
h., volteo menor. (4 campanas)
A la exposición, a las 9.00 h., mediodía a las
13.00 h., y reserva del Santísimo sobre las 20.00 h., volteo general
(5 campanas)
Miércoles de ceniza 18 de febrero
El siguiente día, miércoles 5 de marzo, se
celebrarán, como es costumbre, dos misas con imposición de ceniza.
La primera será en el templo parroquial a las 17.30 horas y la
segunda en el convento a las 19.30. Los toques de campanas serán con
la austeridad que el día requiere, día propiamente penitencial por
dar comienzo la cuaresma.
Se celebra 40 días antes del Domingo de Resurrección, por lo que su fecha varía cada año.
Significado y Tradición
- Representa un tiempo de reflexión, penitencia y conversión en preparación para la Semana Santa.
- Durante la misa, los fieles reciben una cruz de ceniza en la frente con la frase:
"Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás" o "Conviértete y cree en el Evangelio". - La ceniza proviene de la quema de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior.
- Es un día de ayuno y abstinencia para los católicos, es decir, se recomienda no comer carne y reducir la cantidad de alimentos.
